Cómo recuperar tu cuenta de Twitter (y no morir en el intento)

Foto: DerechoDeLaRed.com

06 Sep Cómo recuperar tu cuenta de Twitter (y no morir en el intento)

El pasado 3 de agosto de 2017, a eso de las 10:30 horas, llegó a mi correo personal una notificación de Twitter informándome de que uno de los casi 70.000 tuits en mi cuenta personal y profesional (@pacopolit) había sido eliminado “como respuesta a una petición de retirada DMCA”:

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El denunciante: la Liga de Fútbol Profesional (LFP), a través de su departamento de Derechos de Imagen y Propiedad Intelectual, con la firma de Eduardo García.

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El tuit en cuestión mostraba, además del texto, un gol de Aduriz al Valencia CF que, en su día, grabé de la televisión mientras hacía verbalmente y con mi mano señalando la pantalla un análisis táctico de la jugada, los errores en la marca y los aciertos de los delanteros. Un ejemplo ilustrativo y sin ánimo de lucro, todo lo contrario; estaba generando -pensaba- contenido interesante y con alto nivel de ‘engagement’ tanto para Twitter como para LaLiga. Pero, recibida la notificación, acepté la reclamación porque ellos son los propietarios de los derechos de imagen de los goles y, por lo tanto, están en su derecho de retirar cualquier tuit que los vulnere. Sin problema.

denuncia-twitter

Como puede verse, no fui el único al que LaLiga incluyó en las misma denuncia, que incorporaba a otras cuatro cuentas que habían subido o compartido (atención a este detalle, luego será importante) vídeos o imágenes de goles en sus TLs. LaLiga estaba ejerciendo sus derechos; de nuevo, nada más a destacar.

Diez minutos después, me llegó otro correo electrónico. Mis problemas acababan de empezar:

copyright-twitter

Efectivamente, me habían suspendido la cuenta “debido a múltiples notificaciones de vulneración de los derechos de propiedad intelectual”. La primera señal llegó a los pocos segundos, cuando dejé de poder utilizar el cliente Tweetdeck para gestionarla. Instantes después, esta es la pantalla que mi teléfono móvil me mostró:

pantalla-suspendido

Todo pasó en apenas un cuarto de hora. Ni margen de actuación, ni posibilidad de corregir la acción previa, ni posibilidad de consultar exactamente cuáles eran los tuits que La Liga consideraba reprobables, ni posibilidad de defenderme, ni posibilidad para hablar con el denunciante para solventar el problema en dos minutos. Nada. En quince minutos, la principal herramienta de difusión de mi trabajo (soy periodista) se había esfumado sin mayor explicación.

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Un pequeño inciso para proporcionar algo de contexto: soy usuario de esta red social desde el año 2008. Eso son casi diez años generando contenido a diario, más o menos interesante -quiero pensar que lo es- pero, principalmente, que persigue no hacer el mal a nadie. En ese tiempo, la masa de seguidores acumulada no fue ni mucho menos gigantesca (unos 12.000 followers), pero para mi pequeño micromundo era más que suficiente. Por encima de todo, la calidad de todos ellos era lo más destacable, y se traducía en conversaciones interesantes, un aprendizaje casi constante y haber configurado un TL (cuentas a las que yo seguía) centrado en mis intereses (periodismo, docencia, fútbol, cine, etc) extremadamente útil tanto para mi labor profesional como para mi vida personal. Incluso meses atrás había obtenido el ‘blue tick’ correspondiente a las cuentas verificadas, que -se suponía- diferenciaba a gente más o menos racional y/o seria, con nombres y apellidos, de muchas de esas cuentas troll o anónimas dedicadas exclusivamente a verter ponzoña en la red.

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Bien, pues todo eso se fue al traste en un abrir y cerrar de ojos, en unos días de agosto en los que mi labor profesional requería de Twitter como herramienta fundamental para la cobertura del conocido torneo COTIF de l’Alcudia y la actualización al instante de marcadores, difusión de noticias publicadas en el periódico www.esportbase.es y otras muchas acciones a lo largo del evento.

Por resumirlo pronto y mal: me hicieron una putada muy gorda.

PASO 1: NO TIRARTE POR EL BALCÓN

Reconozco que me costó bastante. Recomiendo respirar hondo, salir de casa, darte una vuelta, coger la bici. Distráete un rato. La frustración debido a la injusticia que estás sufriendo puede llevarte a cometer errores que te penalizarán aún más al intentar recuperar tu cuenta. Cabeza fría.

¿Mejor? Bien, veamos qué se puede hacer si te ocurre algo parecido.

PASO 1B: APELAR ANTE TWITTER

Twitter es el propietario de la herramienta; La Liga era, en este caso, el denunciante. La defensa debe apelar a ambas partes. El primer paso es, tras recibir el primer correo notificándote la suspensión de la cuenta, responder desde tu correo personal para certificar dos cosas: a) que efectivamente has recibido la notificación; y b) que hay una persona física detrás de la cuenta. Esto, que parece obvio, no lo es en absoluto: es, de hecho, el primer gran filtro que Twitter emplea para estos casos. Si no hay una persona física detrás del teclado, que siente, vive y respira, ellos pueden suspender todas las cuentas que quieran de manera ilimitada y sin dar mayor explicación, ya que nadie las echará de menos.

También diferencia a aquellos que hacen uso de Twitter de manera recreativa y/o ocasional, y aquellos que emplean la red social con mayor asiduidad, a diario y muchas veces con fines profesionales. A los primeros (‘casuals’, trolls, bots, ‘plants’, etc) no les importa demasiado una suspensión de cuenta: total, sólo hay que crearse una nueva y empezar de cero. A los segundos, sin embargo, empezar de cero puede suponerles un perjuicio moral, personal, emocional, laboral, profesional y económico que varía en función de cada caso concreto. Yo, por ejemplo, pertenecía al segundo grupo.

Twitter proporciona a sus usuarios una herramienta automatizada para resolver estas contingencias. Y, como tal, supone que prácticamente el 100% de las respuestas que recibirás también son automatizadas. Pero hay que intentarlo. AQUÍ te explican los pasos a seguir para mandar tu apelación. Y AQUÍ puedes rellenar el formulario de apelación. Si sabes inglés, hazlo en inglés: te responderán más rápido. En caso contrario, en español bastará. Describe lo sucedido (el correo electrónico que te ha llegado), indica en qué plataforma te diste cuenta (mobile, escritorio, etc), rellena tus datos personales y adjunta tu número de teléfono. Otro filtro superado: incorporar tu número de teléfono real es un paso más para que Twitter sepa que de verdad hay una persona física detrás de una cuenta en su red. Mándalo todo. Toca esperar.

Pasado un tiempo que puede ir desde unas horas hasta un par de días, recibirás respuesta en tu correo. Se te habrá asignado un número de caso (ej. Case# 64287848) y responderán a tu solicitud. Guarda ese correo a buen recaudo y no pierdas de vista su número de referencia. Aunque hacerse ilusiones es humano, las grandes corporaciones están lejos de ser humanas. Por eso, lo normal es que la respuesta que recibas vaya en esta línea:

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Y aquí empieza lo divertido: esas “múltiples notificaciones” pueden ser reales (o no), justificadas (o no), correctas (o no)… pero al dueño de la plataforma le da igual. Twitter no discrimina ni diferencia entre justicia o injusticia. Ellos reciben una denuncia por contenido inapropiado y, debido al particular carácter de su normativa y Términos de Uso (que, por cierto, se modifican y mutan con el paso del tiempo aunque sus usuarios no sean conscientes de los cambios), y al hecho de que se adscriben a la legislación de EE.UU. (muy diferente a la española en este sector), deciden que el camino más corto es suspender la cuenta ‘sine die’, cerrarla y tirar la llave.

Luego ya es responsabilidad del usuario buscarse la vida para encontrar la llave y volver a abrirla.

Al igual que en un juicio el acusado es inocente hasta que se demuestre con pruebas irrefutables lo contrario, el mecanismo de suspensión de cuentas de Twitter presupone que tu, el usuario, eres culpable salvo que seas capaz de demostrar lo contrario. O, más bien, seas capaz de convencer al denunciante de que retire la denuncia.

PASO 2: (INTENTAR) CONTACTAR CON EL DENUNCIANTE

El 3 de agosto me suspendieron la cuenta. Inmediatamente llamé al teléfono proporcionado en el correo. No lo cogían. Era agosto, claro. Comenzó una batalla de atrición que se prolongó varios días. En tres ocasiones, sí pude ponerme al teléfono con gente del departamento de Comunicación de LaLiga. Pregunté por Eduardo García y por el departamento de Derechos de Imagen y Propiedad Intelectual. Pensé que, si podía hablar cara a cara con el autor de la denuncia, podría explicarle la coyuntura y exponerle la solución: borrar aquellos dos, cinco, diez o cincuenta tuits que ellos considerasen estaban infringiendo sus derechos de imagen. Ponerme al día. Y recuperar mi cuenta.

No iba a ser tan fácil. Desde el principio hubo reticencias a pasarme con dicho departamento. “No están”, “no puedo pasarte”, “ellos sólo se comunican por correo electrónico” y varias explicaciones/excusas más después, decidí desistir. El mismo día de la suspensión de la cuenta había redactado este correo electrónico y lo había enviado a la cuenta especificada del denunciante:

A la atención de Eduardo García y del departamento de Digital Asset Management and intellectual property de La Liga:

Por la presente les solicito ayuda para recuperar mi cuenta profesional de Twitter, suspendida desde el pasado jueves 3 de agosto a las 10:58 horas debido al informe que Ustedes enviaron al proveedor del servicio denunciándome por infringir las reglas de copyright.

Soy usuario de la plataforma desde 2008 y, como Ustedes saben, su normativa y limitaciones han ido cambiando con el paso de los años. Desde hace un año, al contrario que infinidad de cuentas anónimas que sí suben vídeos sin permiso, yo NO subo ni comparto vídeos ni de LaLiga ni de otras empresas debido a la restrictiva política de Twitter a la hora de suspender cuentas con suma rapidez sin siquiera mirar las circunstancias.

De ahí mi sorpresa cuando el pasado jueves Uds remitieron un informe pidiendo la suspensión de mi cuenta de usuario a Twitter debido a un par de tuits de una fecha anterior, en lugar de darme el aviso directamente a través de las varias vías posibles (DM privado, email a ————–, llamada al ———— o en cualquiera de los varios medios de comunicación en los que colaboro).

De haberse Uds puesto en contacto conmigo, hubiese accedido inmediatamente a retirar el/los videos en cuestión PORQUE ENTIENDO QUE ES LO LÓGICO Y NORMAL. En ningún momento quiero perjudicar a La Liga fomentando las violaciones de copyright. Una llamada hubiese bastado para solventar el asunto en cinco minutos.

En cambio, su denuncia hacia mi persona ante Twitter ha supuesto la suspensión de mi cuenta profesional en una semana en la que se disputa el torneo COTIF en Alcudia (Valencia) y estoy practicamente 16h diarias ‘in situ’ trabajando en la creación y difusión de contenidos, creando un grave perjuicio tanto para mi como para mi empresa (www.esportbase.es) a nivel laboral.

RUEGO ME AYUDEN A RECUPERAR MI CUENTA LO ANTES POSIBLE.

“The reporter can send retractions to copyright@twitter.com, and should include the following information: identification of the material which was disabled, and a statement that the reporter would like to retract their DMCA notice”

Según las normas de la plataforma, Uds podrían revertir la suspensión mediante el envío de un email a copyright@twitter.com indicando el o los tuits que Uds denunciaron e indicando que han solventado el incidente con la cuenta @pacopolit, pidiendo su reestablecimiento.

Como contrapartida, ME COMPROMETO a revisar UNO POR UNO los casi 70.000 tuits de mi cuenta, una vez me sea devuelta, para buscar y, en caso de ser encontrados, eliminar cualquier tuit que pueda ser susceptible de entrar en conflicto con las políticas de copyright de LaLiga.

Un cordial saludo.

Durante más de una semana, insistí y reenvié el correo varias veces a la dirección proporcionada, sin respuesta. Llamé infinidad de veces a LaLiga, sin soluciones. Después de 9 días sin avanzar, decidí poner el asunto en manos de profesionales.

PASO 3: BUSCA ASESORAMIENTO LEGAL

Es una de las máximas más lamentables y al tiempo inevitables del mundo moderno: las empresas hacen caso omiso de las personas, pero suelen escuchar atentamente cuando es un abogado quien se dirige a ellos. ¿Triste? Por supuesto. Pero hay que tragar con ello. En mi caso -no es promoción, simplemente reconozco el buen trabajo realizado-, y curiosamente debido a la recomendación de un tuitero anónimo al que doy las gracias, acudí al despacho WHOSE Intelectual Property Agency de Valencia, especializados en este tipo de conflictos.

Otra noticia desagradable que voy a darte, querido lector: recuperar tu cuenta de Twitter, en algunos casos, te costará dinero. Sí, es así de crudo. Tendrás que ser tu quien valore si merece la pena el esfuerzo.

Una vez con el respaldo legal necesario, delegué en ellos todas las acciones. Esto supone otro detalle importante, ya que seguir actuando por mi cuenta mientras ellos buscaban otros métodos podría haber sido contraproducente. Comenzaron las gestiones, ya en representación de mi persona. Llamadas a LaLiga, correos a su departamento de Derechos de Imagen y Propiedad Intelectual, correos y solicitudes a Twitter… Pero, esta vez, eran abogados realizando la gestión, y no un usuario de a pie. Otra lección ya conocida pero re-aprendida a la fuerza: vivimos en una sociedad en la que los mecanismos de poder entre empresas dejan al ciudadano en un estado de desprotección que les obliga a entrar de lleno en ese juego si aspira a cambiar su situación. O vas con un abogado de la mano o lo habitual es que ‘pasen’ de ti. Y así, la rueda del sistema sigue girando.

Pasaron horas. Días. Fue difícil: repito, no era recomendable intentar contactar con el denunciante para que no se ‘cruzasen’ mis gestiones con las de mis abogados. Ya lo harían ellos. Esperé. Y esperé. Y esperé más. Y me desesperé. Y, al vigésimo séptimo día, casi un mes después de la suspensión… CONTESTARON.

PASO 4: NEGOCIA UN ACUERDO

LaLiga, a través de su servicio Antipiratería, respondió al correo enviado por mis abogados. En dicho correo recalcaron que, en mi caso, no estábamos hablando de una sola infracción, sino de ocho presuntas infracciones reportadas entre febrero de 2016 y agosto de 2017. Por dar contexto al asunto: el denunciante, en una época en la que TODO DIOS sube vídeos cada tres segundos con goles de su competición, reportó 8 tuits de mis dos cuentas activas de entre 68.000 mensajes escritos. Eso supone el 0,018% de los tuits elaborados en un periodo de diez años. Huelga decir que la cifra es ridícula… pero, insisto, LaLiga parecía tenerlo claro.

LaLiga mandó a mis abogados dicha relación de tuits. La respuesta fue obvia: como ya había propuesto en el email original enviado al denunciante, me comprometía a eliminarlos en cuanto recuperase el control de la cuenta. Para hacerlo, era necesario que La Liga enviase un mensaje de retractación a Twitter, indicando que el problema había sido solucionado.

Pasaron 48 horas. Y el día 31 de agosto a las doce en punto de mediodía, me llegó este correo:

retraction-twitter

De inmediato, el móvil empezó a sonar. A lo loco. Las notificaciones acumuladas de casi un mes empezaron a aterrizar de golpe en mi pantalla. “¿Ya está?” No podía creer que un asunto que tantos dolores de cabeza me había provocado durante semanas se hubiese solventado de manera tan simple. A las 12:05, llegó el momento de abrir mi cuenta, cerciorarme de que funcionaba y de regresar a esa rutina tan agradable de pensar, teclear, enviar.

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Obviamente, lo siguiente fue acceder a los ocho tuits ‘marcados’, guardar una captura de pantalla (siempre, siempre, SIEMPRE es recomendable hacerlo, aunque sea por seguridad) y borrarlos. Y, de regalo, abrí una lata de refresco y me dispuse a navegar por mi historial DESDE EL PRIMER TUIT HASTA EL ÚLTIMO para cerciorarme de que no había más. Fue una experiencia agotadora pero… quien algo quiere, algo le cuesta.

***

Llegados a este punto, dado que la parrafada anterior incluye solamente datos, hechos, fechas y documentos, creo que me he ganado el derecho a opinar sobre lo ocurrido. El perjuicio causado por una suspensión va desde lo anecdótico (ya no tengo el ‘blue tick’, por lo que mi cuenta no está verificada) a lo económico: además del dispendio de contratar a un abogado, la ‘broma’ de LaLiga me costó 29 días sin poder dar difusión a artículos, entrevistas, programas y contenido de un periódico digital que (no os lo podríais imaginar) vive precisamente de generar tráfico y visitas. ¿Pensáis que alguien de LaLiga ha pedido disculpas por alguno de esos perjuicios? Pues eso.

Otra consecuencia es el daño a nivel reputacional: da la sensación de que, si te suspenden la cuenta, es porque “algo has tenido que hacer mal”. Que has insultado a alguien o cometido algún crimen. No, mire usted: ya me cuido muy mucho de no hacer las cosas mal y de tratar con cierto respeto y consideración a todo el mundo y a sus derechos. Pero el sistema está ingeniado de tal manera que, llegado el momento, cualquiera puede meterte mano por cualquier cosa. Hace unos meses, un señor que aún me adeuda dinero tuvo la desfachatez de, tras perder un juicio laboral, intentar demandarme por dos tuits. El juez, con buen criterio, ni siquiera la aceptó a trámite.

Quizá el mayor foco de rabia se halle en la incapacidad o directamente indiferencia de grandes empresas (Twitter, LaLiga…) en ofrecer un cierto grado de humanidad a sus comunicaciones. El problema podría haberse resuelto, literalmente, en cinco minutos y dos llamadas. Pero no habilitan los mecanismos para ello. Entiendo quizá el motivo (podría ser un pozo sin fondo de reclamaciones día tras día), pero por desgracia atrapa en la telaraña a individuos que viven en cierta medida de la difusión que hacen en redes sociales de su actividad profesional. Si les quitas Twitter, les estás quitando o menoscabando su trabajo. Y eso tiene un nombre: atropello y vulneración de los derechos fundamentales de cualquier ciudadano.

El relato anterior expone mi experiencia particular. No se si es válido para todos los casos. Desconozco si las infracciones que tu, lector, has cometido son más o menos graves que las que presuntamente cometí yo. No se si podrás solucionar tu problema y recuperar tu cuenta de Twitter. Pero me permitiré, para acabar, darte dos apuntes más:

  • el primero, no te compares con otras cuentas que hagan lo mismo que tu (en mi sector hay infinidad de periodistas que comparten vídeos con goles propiedad de LaLiga y nunca tienen problemas ni denuncias) y céntrate en tu caso, lo que (presuntamente) has hecho y cómo puedes darle al denunciante una solución satisfactoria para todas las partes;
  • el segundo, más alucinante, tiene que ver con el tipo de contenido que las grandes empresas consideran copyright suyo y cómo se comparte. Para LaLiga, grabar un vídeo de la tele y compartirlo en un tuit era ilegal. Pero también hacer RT de un tuit ajeno. Incluso (esto es lo más gordo) CITAR UN TUIT DE OTRA PERSONA puede ser causa para una posible denuncia (dos de los ochos tuits ‘señalados’ eran de ese estilo). Si tu boca abierta te lo permite, anótalo mentalmente y ahórrate problemas en el futuro.
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