Jurassic World o cómo el Indominus Rex se zampó a Los Vengadores

05 Jul Jurassic World o cómo el Indominus Rex se zampó a Los Vengadores

Chris Pratt Velociraptor Jurassic World

 

Esto es… inesperado.

Los analistas de la taquilla mundial andan rascándose la cabeza en los últimos días, confusos ante lo que a todas luces supone la mayor sorpresa de 2015 hasta el momento. Los agoreros no han tenido más remedio que envainársela: todas las predicciones del ‘box-office’ han saltado por los aires, y los dinosaurios tienen la culpa. En apenas veinte días, ‘Jurassic World’ (1.300 millones de dólares amasados) está a punto de superar la recaudación mundial de ‘Los Vengadores: La Era de Ultrón’, la película ‘hype’ por excelencia del verano. Más dinero en una tercera parte del tiempo en cartelera. Inesperado, sí, pero no sin cierta lógica.

A la espera de que llegue noviembre y el Episodio VII destroce (literalmente) cualquier record conocido y se convierta en firme candidata a arrebatar a Avatar la corona de filme más taquillero de todos los tiempos (2.800 millones de dólares), ahí van cinco posibles causas para explicar la resurrección jurásica más sorprendente desde el regreso de Aznar a la política.

(Este artículo, por motivos evidentes, CONTIENE SPOILERS)

1. Homenaje, guiño, codazo, risa cómplice, vuelta a empezar.

“Jurassic World es un homenaje contínuo de dos horas”, decía un crítico hace unas semanas. No se equivoca. Los 124 minutos de metraje están tan plagados de referencias a las dos primeras películas de la saga que sería mucho más rápido hacer recuento rápido de las (escasas) ideas verdaderamente originales que se presentan en pantalla. ¿Plano de una huella jurásica en el barro? Presente. ¿Enfrentamiento final en interiores entre el grupo de supervivientes y velocirraptores? Presente. ¿Una cabra devorada en el recinto del tiranosaurio? ¡Cómo no! Los guiños se repiten en planos calcados, frases repetidas, escenas que nos resultan sospechosamente familiares.

El tramo intermedio del filme, en el que los dos niños protagonistas acceden a los restos del Jurassic Park original, es la prueba más evidente: el Ford Wrangler que ejercía como jeep oficial del parque, las gafas de visión nocturna (“¿pesan? Entonces son caras”), las linternas, el ‘atrezzo’… y esa pancarta de ‘Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra’ que Zach emplea como improvisada antorcha. Incluso gran parte de los personajes tienen un antecedente directo en la saga: los hermanos nos recuerdan a los Lex y Timmy del filme original, el informático al que da vida Jake Johnson tiene como referente al que encarnó Samuel L. Jackson en 1993, el militar Hoskins (desaprovechadísimo Vincent D’Onofrio, especialmente tras echar un vistazo a su trabajo en ‘Daredevil’) y sus motivaciones económicas son calcadas a las del Peter Ludlow de ‘El Mundo Perdido’, e incluso el protagonista Owen Grady (Chris Pratt) comparte rasgos de amor por los dinosaurios muy propios de la Julianne Moore vista en la secuela de 1997. Para la inevitable ‘Jurassic World 2’, rogamos ideas nuevas y no tanto regreso al pasado.

2. Chris Pratt es una estrella.

Hablando del protagonista, hay que hacer mención a la meteórica carrera de Chris Pratt en los últimos dos años. Sus últimas tres apariciones en la gran pantalla arrojan cifras mareantes y en aumento constante: ‘La LegoPelícula’, en la que prestó su voz al protagonista (500 millones de dólares recaudados); ‘Guardianes de la Galaxia’ (750 millones); y, ahora, la cuarta entrega jurásica. 2,5 billones de dólares para un tipo al que la mayoría conocimos hace más de una década encarnando al torpe pero noble Bright Abbott en ‘Everwood’, donde también se dio a conocer Emily VanCamp, estrella de ‘Revenge’ y también involucrada en el Universo Cinematográfico Marvel como Sharon Carter.

Desde ahí, Pratt tuvo un breve papel en la última temporada de ‘The O.C.’, hit entre adolescentes que se quedó sin ideas demasiado pronto; y combinó su descacharrante papel en ‘Parks and Recreation’ (donde lucía tripa cervecera y una imagen muy alejada de la actual) con un par de intervenciones interesantes en filmes ‘serios’ como ‘Moneyball’ o ‘Zero Dark Thirty’. Precisamente ese don para alternar comedia con escenas serias lo convierten en un candidato claro al inevitable ‘reboot’ de Indiana Jones. Mientras, Pratt logra salvar del desastre a un personaje, el de Owen Grady, que está escrito con poco o ningún acierto. En manos de otro actor, el ‘amaestrador de raptores’ acabaría pareciendo al espectador un capullo arrogante y sin carisma; Pratt logra inferirle el heroísmo necesario para que le perdonemos chistes macarras y decisiones absurdas desde el punto de vista argumental.

 

Escena de Jurassic World

 

3. Monumento a la ‘set-piece’.

El guión de ‘Jurassic World’ es flojo. El libreto de Rick Jaffa y Amanda Silver apenas aporta elementos novedosos a la saga. Una vez descubierta la pólvora, quizá habría que preguntarse qué es lo que sí hace bien el filme de Colin Trevorrow para que esté gustando tanto al gran público. Y para comprenderlo, tenemos que volver a remitirnos al original de 1993. Recordemos que Spielberg mantiene a los dinosaurios entre bambalinas gran parte del metraje (sólo aparecen dinosaurios en pantalla durante 15 de sus 127 minutos de duración), y el ataque del T-Rex que marca el inicio del segundo acto ocurre pasada la hora de película. Veinte años después sería poco realista esperar un desarrollo similar, dado que uno de los puntos que ‘Jurassic World’ trata de dejar claro en su primera media hora es que el parque lleva tiempo abierto, que funciona a las mil maravillas y que ver dinosaurios en carne y hueso se ha convertido en habitual para sus visitantes. Ya no hay sorpresas, ya no hay ‘wow factor’.

El espectador del filme, como los turistas que visitan Isla Nublar, está inoculado ante lo que antes sería sorprendente y emocionante. De ahí que la única solución para provocar emoción sea la aparición de escenas de acción más grandes y más atronadoras, ‘set-pieces’ en las que a menudo los protagonistas no son más que comparsas de la lucha entre dinosaurios de diferentes especies. El Indominus Rex se convierte en un catalizador para provocarlas justo en el momento más inoportuno, en pleno recinto de turistas, en el aviario o en los vestigios del antiguo parque. El dinosaurio genéticamente alterado es la espoleta, y el caos que acontece la consecuencia. Todo, para acabar en un ‘throwback’ a los noventa, con raptores y un tiranosaurio unidos ante la amenaza de lo nuevo, de lo antinatural. Y con el cuarteto de protagonistas como testigos de excepción.

4. Michael Giacchino feat. John Williams.

Siendo sinceros, esperaba que el maestro Williams diese el paso al frente y se hiciese cargo del sonido de esta nueva entrega. Pero, a sus 83 años y con las manos llenas hasta final de año con el score del Episodio VII, no quedó más remedio que buscar una alternativa al creador de una de las bandas sonoras más icónicas de la historia del cine. Por fortuna, el trabajo fue a parar a las manos de Michael Giacchino, colaborador habitual de JJ Abrams, Brad Bird y de los estudios Pixar, y quizá uno de los compositores de nueva hornada que mejor ha sabido recoger el testigo de los clásicos y ampliar y expandir las melodías de sagas clásicas en el cine (su trabajo en la tercera y cuarta entrega de ‘Misión Imposible’ es notable).

Giacchino ya tuvo experiencia en la adaptación de Williams hace casi veinte años, con sus composiciones para el videojuego de ‘El Mundo Perdido’. Pero su juventud (47 años) no está reñida con el clasicismo que gran parte de sus partituras desprenden: obras como ‘Los Increíbles’, las seis temporadas de ‘Perdidos’ o ‘Ratatouille’ demuestran que el americano sabe lo que se trae entre manos y conoce intrínsecamente los resortes del público al que dichos filmes están dirigidos. En ‘Jurassic World’, Giacchino aprovecha los dos o tres grandes temas legados por Williams para darles su toque personal (los títulos de crédito finales son una maravilla), y los envuelve en una partitura particularmente atmosférica y, en ocasiones, triste y lacónica (‘Pavane for a Dead Apatosaurus’). La banda sonora, sin duda, es uno de los grandes aciertos de esta cuarta entrega.

 

 

5. Los niños han crecido… pero siguen siendo niños.

Corría el mes de septiembre de 1993 cuando un sábado entré al cine y salí alucinado tras ver dinosaurios vivos por primera vez en mi vida. Como servidor, millones de personas disfrutaron en su niñez de un filme que no sólo cambió su manera de disfrutar del cine, sino que modificó de arriba abajo los fundamentos de la industria y la definición de ‘blockbuster’ moderno. Veinte años después, esos niños han crecido, se han hecho mayores, pero siguen buscando revivir esas sensaciones tan personales en la oscuridad del cine. Como producto cinematográfico, ‘Jurassic World’ tiene todos los ingredientes apropiados, en las medidas correctas, para apelar al niño que llevan dentro. Es imposible obtener una película igual de mágica que la original, pero esta cuarta entrega contiene los suficientes guiños, referencias, escenas de acción y dinosaurios (¡dinosaurios!) para que el niño grande vuelva a por más.

El debate sobre si el filme es ‘bueno’ o ‘malo’ lleva varias semanas abierto entre la crítica especializada, pero en pleno 2015 no podemos aspirar a mucho más. En un mundo repleto de ‘remakes’, ‘reboots’, secuelas y universos cinematográficos, ‘Jurassic World’ pone el toque de nostalgia retro tan necesario de cuando en cuando. No es tan brillante como Mad Max, ni lo pretende. No es tan ampulosa como Los Vengadores, ni quiere serlo. Su labor de actualizar la saga jurásica ha sido cumplida con creces. Ahora toca esperar a que, esta vez sí, los dinos vuelvan a sorprendernos de verdad en la inevitable (y ya anunciada) secuela dentro de unos años.

 

Jurassic World

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