Venta VCF for dummies (VI): Porxinos: Declive… ¿y muerte?

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25 Sep Venta VCF for dummies (VI): Porxinos: Declive… ¿y muerte?

*En aras de (intentar) facilitar la mayor cantidad de información sobre el tema, arranca un serial sin principio ni final definidos para hablar de los diferentes matices y apuntes que está dejando el proceso de venta del Valencia CF S.A.D.*

En el episodio anterior, la firma y aprobación del proyecto “Más que Porxinos” supuso el anuncio, con toda la pompa y boato que los medios oficialistas por aquel entonces fueron capaces de proporcionar, de una edad dorada para el Valencia. La operación supuso píngües beneficios para una larga pléyade de personalidades, pero por encima de todos estaba el club. Quizá por eso, con esa excusa por montera, se hizo la vista gorda de manera tan brutal.

Aunque el alcalde de Ribarroja renunció a la recalificación de su parcela, hubo quien tuvo la suerte de que el PAI fuese a caer justo en el lugar donde había invertido un par de años atrás. Ocurrió con Santi Cañizares y otros futbolistas: el por entonces guardameta del equipo blanquinegro se hizo propietario entre 2002 y 2004 de 5 hectáreas a un kilómetro de Porxinos. Las fechas de sus últimas adquisiciones, a finales de 2004, fueron las que se pusieron bajo sospecha. El portero, sin embargo, siempre ha mantenido que no tuvo información privilegiada: “Tanto Juan Soler como yo nos podemos permitir ser honrados”, dijo en 2005 a El País.

Al margen de lo anecdótico, la aprobación por parte del pleno de Ribarroja era sólo el primer paso. Juan Soler, previsor como él sólo, ya se había asegurado comprador para el más de millón y medio de metros cuadrados: la promotora madrileña Nozar, propiedad de la familia Nozaleda y que por entonces era una de las mayores inmobiliarias de toda España.

Así, el milagro de los panes y los peces se podía ejecutar finalmente: Litoral del Este compraba los terrenos y contaba con la aprobación del Ayuntamiento, Litoral del Este vendía el ‘pack’ de suelo a Nozar, Nozar construía la nueva Ciudad Deportiva y se hinchaba a ganar dinero. Por el camino, un reguero de millones a bolsillos de particulares y a las arcas del club.

EL PEOR PAI DE LA HISTORIA

Sin embargo, a la hora de articular la documentación, algo falló. Algo, o alguien. Y no lo hizo una vez, sino “trescientas veces”, según palabras de la Plataforma Salvem Porxinos. Los vecinos contrarios al PAI recabaron toda la información en su mano y analizaron en profundidad la documentación hasta encontrar decenas de irregularidades que les sirvieron para llevar el proyecto ante los tribunales. Apoyados en primera instancia por los partidos de la oposición -el paso de los años dejaría a los particulares como únicos miembros activos de la plataforma-, marcharon directos a la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana en verano de 2005.

Mientras, era el momento de repartir ‘los dineros’. Al Ayuntamiento de Ribarroja el Valencia -recordemos, socio único de Litoral del Este- le abonó 21 millones de euros, que a fecha de hoy sigue percibiendo en cobros mensuales -“el Valencia cumple y nos ingresa cien mil euros a finales de mes”, dijo hace unos días Tarazona en Gestiona Radio-. Litoral del Este, a su vez, había invertido unos 60 millones más en la adquisición de 1.651.000 metros cuadrados de suelo rústico en Porxinos. Ahí entró en acción Nozar, traída de la mano de Soler, para pagar poco menos de 160 millones de euros por dicho suelo, convertido ya en urbanizable, para hacerse cargo de la construcción de la Ciudad Deportiva en Ribarroja.

A grandes rasgos, a la caja del Valencia iban a entrar unos cien ‘kilos’ de golpe. No está nada mal, ¿verdad?

Por desgracia, y toca situar la operación en su contexto histórico, la redacción y elaboración de todos los trámites y documentos que conformaban el PAI se realizó con un increíble nivel de despreocupación por la legalidad, a tenor de la sentencia que ocho años después emitiría el TSJ.

Como puntos de interés, tres de los cinco miembros de dicho tribunal dieron por buena la nulidad del PAI debido, entre otros y en lenguaje llano, a que:

* fue otorgado ‘a dedo’, antes de salir a concurso (“adjudicación a Litoral del Este de la condición de Agente urbanizador por no haberse cumplido los principios de publicidad y libre concurrencia”);

* no se ajustaba a legalidad en el informe referente a la disponibilidad de recursos hídricos (“ser el informe de la Confederación Hidrográfica favorable preceptivo y vinculante, y no constando este informe”);

* no cumplía a rajatabla con las 26 condiciones de la Declaración de Impacto Ambiental (DIA).

Cabe recalcar que los otros dos magistrados no compartieron dicho veredicto respecto a las normas de la legislación estatal sobre contratación y, en especial, falta de publicidad y concurrencia; tampoco respecto a la falta de recursos hídricos; y ni mucho menos respecto a las 26 condiciones del DIA, en las que sólo exigían mantener los 100 metros de amortiguación para adaptarlo a la legislación contra incendios, dando por cumplidas el resto.

UN PROYECTO EN UN CAJÓN

La batalla legal se disputaba en el TSJ entre Salvem Porxinos y la Consellería de Territorio y Vivienda mientras el proceso seguía adelante. Tras la primera aprobación, Juan Soler presentó la maqueta de la nueva Ciudad Deportiva en diciembre de 2005. En 2006, el texto refundido -con varias condiciones impuestas por la Generalitat- fue aprobado por el Ayuntamiento de Ribarroja, dando luz verde al proyecto en el mes de agosto.

Pero pasaron las semanas. Y luego, los meses. España vivía al borde del ‘crack’ inmobiliario que acabaría arrasándolo todo en el año 2007. Los megaproyectos empezaron a desmoronarse, y la fortaleza financiera de Nozar comenzó a resquebrajarse. Tampoco las cosas en el seno del Valencia fueron un camino de rosas: a finales de 2007 Juan Soler destituyó a Quique Sánchez Flores con nocturnidad y, haciendo caso a los consejos de su hijo, puso el dinero sobre el tapete para fichar a Ronald Koeman. El holandés apartó a Albelda, Cañizares y Angulo -otrora amigos íntimos del constructor- de la disciplina de la primera plantilla. Fue un año de muchas lágrimas, sólo unas pocas de alegría tras la conquista en abril de 2008 de la Copa del Rey, el único título de la era Soler y el último conquistado por el Valencia a fecha de hoy.

Precisamente semanas después de alzarse con el título, en mayo de 2008, en Ribarroja recibieron noticias de Nozar tras casi un año de silencio. “En cuatro o cinco semanas” Nozar iba a presentar el proyecto de reparcelación, según informaron a Las Provincias fuentes del Ayuntamiento.

Nunca más se supo. Juan Soler había abdicado figurativamente en Agustín Morera, superado por la presión. Fue Morera el que paladeó las mieles del éxito de la Copa en Madrid. Un par de meses después, un reputado ex director de Telefónica se hizo con las riendas del club, un gestor buscado por Soler para reflotar el barco. Juan Villalonga duró dos semanas en el cargo. “No se ha ido, lo he tirado”, dijo el máximo accionista. A renglón seguido, se alió con Vicente Soriano para darle la presidencia al empresario de Puçol y comprometerse a cobrar una millonada por su paquete accionarial. Años después, ambos protagonizarían un charlotesco intento de secuestro. Las urgencias económicas eran enormes. El PAI de Porxinos, ensombrecido por la crisis, fue discretamente metido en un cajón. Había problemas más urgentes.

En septiembre de 2009, Nozar se declaró en concurso de acreedores voluntario. Así sigue a fecha de septiembre de 2014, en un proceso surrealista que daría perfectamente para otro monográfico pero que, por sanidad mental, no entraremos a detallar.

Sus propiedades fueron ‘troceadas’ y repartidas entre las entidades financieras que acudieron a su rescate, como es habitual en estos casos. BBVA, Caja España-Duero y La Caixa acabaron siendo las dueñas de esos 1.651.000 metros cuadrados de suelo en un “campo de naranjos”.

… Y ENTONCES LLEGÓ LIM

Pocas cosas ocurrieron en el ínterin marcado por la administración Llorente. Durante cuatro años, nadie tocó el cajón. En eso, en esquivar ‘marrones’ a base de inmovilismo, el ex dirigente era un especialista. Después de todo, tenía problemas más acuciantes, como un precioso estadio a medio construir y que no pudo reemprender sus trabajos durante cuatro años. ¿Porxinos? Secundario para Llorente y su consejo de administración.

El presidente, bien es cierto, se las ingenió para no faltar a la cita con Ribarroja cada mes. Llorente nunca se caracterizó por su originalidad ni por darle una vuelta de tuerca a los cimientos del club, todo lo contrario: lo importante era mantener a raya a los acreedores. Los 21 millones de euros debían abonarse por lo civil o por lo criminal, así que todos los meses el consistorio se embolsaba 235.000 euros con puntualidad inglesa. La cantidad se redujo hace un par de años a 125.000 euros al mes. Si hacemos caso al calendario de pagos, a finales de 2014 el Valencia habrá abonado todo lo que debe a Ribarroja.

Llorente, eso sí, fue el encargado de dar un paso decisivo para evitar que el asunto explotase. Y lo hizo casi a título póstumo, días antes de dimitir, cuando pactó con Ribarroja la suspensión temporal del PAI por un plazo dos años, ante la imposibilidad de asumir el coste del arranque de las obras y el deseo de no entrar a litigar con los bancos propietarios del suelo, a los que debería exigirle un dinero por la cota cero. El consistorio hizo pública la paralización el 29 de abril de 2013. Para entonces, Manuel Llorente ya no era presidente del Valencia.

Dos meses después, el 11 de junio del TSJ de la Comunitat Valenciana emitía el auto con su veredicto, declarando la nulidad del PAI de Porxinos. Una victoria para los vecinos y Salvem Porxinos, y otro problema a añadir a la montaña de asuntos que Amadeo Salvo debía solventar nada más acceder al cargo de presidente. Configurar el proyecto deportivo 2012-2013 era prioritario. Establecer un plan de refinanciación viable para Bankia era prioritario. Reanudar el Nuevo Mestalla era prioritario. ¿Porxinos? Mucho menos importante. El cajón seguía cerrado.

La Consellería interpuso un recurso elevado al Tribunal Supremo, última opción para salvar la cara ante otro desastre administrativo y urbanístico impulsado en los años dorados del ladrillo. Allí sigue. Según los abogados de una y otra parte, la decisión del TS podría dilatarse perfectamente hasta finales de 2015 o principios de 2016.

Cuando la Fundación VCF votó el 17 de mayo de 2014 la oferta de Meriton Holdings como la mejor opción para la viabilidad del club en el futuro, el desembarco de los asesores y abogados de Peter Lim en las oficinas del Valencia desató un desenfreno necesario de levantamiento de alfombras y apertura de cajones. Y allí, polvoriento y olvidado, estaba el caso Porxinos. Pronto los juristas enviados por el singapurense instaron a Salvo a actuar, ante la peligrosa coyuntura que podía producirse si el Tribunal Supremo también desestimaba el recurso y ratificaba la nulidad del PAI.

La ‘broma’ podía salirle al Valencia por cien millones de euros.

Cien millones que, desde luego, no tenía en su poder. Y eso, en el mundo moderno de la empresa, abocaba a la entidad a entrar en causa de disolución.

Y así se cierra el círculo. El pasado 5 de julio Amadeo Salvo repasó las cuatro “contingencias” que impedían el acuerdo entre Bankia y Lim. Porxinos era una de ellas, aunque el dirigente la consideraba fácilmente solucionable. Ha habido contactos con el Ayuntamiento y los bancos propietarios del suelo. Objetivo: lograr un confort jurídico para el magnate -para evitar futuras responsabilidades en caso de revés judicial- y paralizar el PAI por un mayor plazo, a la espera de la decisión del Supremo. Aunque el acuerdo no se ha cerrado todavía, el Valencia confía en conseguir el beneplácito de las entidades financieras para no tener que soltar ni un euro, llegado el caso.

Si el Supremo da luz verde, adelante con todo. Si tumba el proyecto, las partes ya han iniciado contactos para llevar a cabo un nuevo PAI. Amadeo Salvo ha garantizado a Tarazona que la nueva Ciudad Deportiva se hará sí o sí en el término municipal de Ribarroja, cerrando la puerta que Manuel Llorente entreabrió a edificar el proyecto en Náquera. También le prometió que el consistorio no tendría que devolver los 21 millones de euros percibidos desde 2006 hasta hoy. El nuevo PAI, llegado el caso, debería ajustarse a una legislación implacable con los errores. Si se hace, deberá ejecutarse de forma impecable en formas y fondo.

La batalla por Porxinos, no obstante, tiene visos de prolongarse. “Ahora sería mucho más fácil hacer un nuevo PAI. Tengo confianza, no veo problemas de legalidad, son dos temas insignificantes. Nos sobra el agua”, dijo orgulloso Tarazona hace unos días en Gestiona Radio. Horas antes, los vecinos tenían otra opinión: “Hacer un nuevo PAI sería más difícil. La legislación era más laxa en 2005, ahora las protecciones son mayores y lucharíamos con más ahínco todavía”, explicó el portavoz de Salvem Porxinos. Las posturas, por tanto, no van a moverse ni un milímetro.

Nacimiento. Auge. Declive. El ciclo de la vida, trasladado a un “pelotazo” que Juan Soler gestó y bautizó, y que el tiempo y el estallido de la burbuja se han encargado de envejecer a marchas forzadas. Durante un tiempo, Porxinos fue de facto el maná salvador para una entidad que sangraba en abundancia miles y miles de euros al mes. Ahora, en pleno proceso de venta al magnate Peter Lim, los ‘campos de naranjos’ tienen una de las llaves para celebrar una nueva edad dorada para el Valencia o, por contra, abocarlo a un apocalíptico final.

 

*Artículo original publicado en Diario de Mestalla el 25 de septiembre de 2014

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